Es argentino, obtuvo una pasantía en Japón para investigación y pudo vivir en Tokio por 6 meses

La Historia de Fabián
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Con 25 años, Fabián tuvo la oportunidad de realizar una pasantía en Japón y vivir en la increíble ciudad de Tokio: «Llegué a la oportunidad gracias a mi facultad. Yo estudiaba Ciencias de la Computación, en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Allí, conocí a un profesor que trabajaba en conjunto con el Instituto Nacional de Informática de Japón. Él me había tenido como alumno y también trabajaba con algunos amigos míos, así que sabía quién era y me recomendó«. 

Seguí leyendo esta entrevista de Vivir Afuera para conocer cada detalle de su inolvidable experiencia.


Durante el 2017, tuve la posibilidad de realizar una pasantía en Japón. Estuve viviendo en la ciudad de Tokio por seis meses. 

Además de la recomendación del profesor, el director de la Facultad escribió una carta para que envíe al Instituto y asegurar la pasantía. El convenio entre las dos instituciones ya existía y varios estudiantes más habían realizado la experiencia, por lo que fue relativamente sencillo.

¿Cómo fueron los trámites previos para realizar la pasantía en Japón?

Como la pasantía en Japón era de más de tres meses, tuve que sacar una visa de estudiante. Mandé un montón de papeles por carta a Japón. Sí, por carta. A partir de ahí, ellos me mandaron, también por carta, un papel que tenía que ir a presentar a la Embajada de Japón. 

Apenas llegó el papel, solo tuve que acercarme. No hubo necesidad de certificar ni apostillar nada. Dejé el pasaporte en la Embajada, procesaron mi solicitud, hicieron todos los papeles y después fui a buscar mi pasaporte con la visa. A pesar de que solo tenía que esperar el papel desde Japón, el mecanismo por carta hizo que se atrase el proceso. Yo iba a viajar en agosto pero recién me subí al avión en octubre por la demora.

Aunque había un convenio, fue una pasantía y no un intercambio. No hice ninguna materia, trabajé en una investigación coordinada. Lo que sí, a pesar de no haber cursado en Japón, la experiencia me ayudó con mi tesis. Estaba la posibilidad de elegir quedarse tres o seis meses, opté por quedarme más tiempo sin dudarlo.

El trabajo era en inglés. Yo no sé japonés y en ese momento hacía mucho que no practicaba inglés. Empezar de la nada, casi que de un día para el otro, fue un choque y me costó un poco adaptarme.

Los japoneses son súper amables. Eran simpáticos y todo el equipo en general tenía buena onda. Te hacían llevarlo mucho mejor. Además, tuve la suerte de que había un chico argentino que ya estaba trabajando con otra pasantía en Japón y me ayudó con la adaptación.

¿Cómo era el trabajo de la pasantía en Japón?

El contrato para la pasantía en Japón incluía el pasaje aéreo, lo que me ahorró mucho dinero. Además, el trabajo era remunerado. El primer mes me lo abonaron al finalizarlo pero, al finalizar el segundo mes me pagaron ya todos los meses restantes juntos. 

Mi contrato era para trabajar ocho horas por día, pero en el día a día había mucho menos para hacer. Nadie controlaba la cantidad de horas y muchos de mis compañeros se iban antes. 

La pasantía en Japón consistía en que los profesores argentinos me den un tema para seguir investigando en base a algo que ya estaba hecho. En ese departamento de la Facultad había que mejorar una herramienta que ya estaba. La primera etapa era hacer una herramienta chiquita de demostración, para jugar con un robot y un mapa. Luego, esa estrategia se extendía para que sea más inteligente. La idea era de ellos pero yo tenía que desarrollarla

Una vez por semana me juntaba con el profesor japonés y él me daba consejos sobre cómo seguir. En estas reviews que me hacían siempre se sorprendían cuando se enteraban que yo estaba haciendo las ocho horas completas. Era medio rara esa situación, terminé trabajando muchas horas. Muchas veces ni siquiera tenía tanto trabajo para hacer, podría haber aprovechado y recorrido más la ciudad, el país y hasta la región.

Había mucha gente y de todos lados, pero en general trabajamos de forma individual. Un solo día tuvimos una especie de excursión. Todo el instituto fue junto hacia otra prefectura. Pasamos la noche en un hotel tradicional japonés en Izu y tuvimos un par de charlas. Había un parque nacional en la zona y fue una linda experiencia.

¿Dónde viviste durante ese proceso?

Durante mi pasantía en Japón viví en dos lugares. Como varios estudiantes argentinos habían hecho experiencias similares, ya sabíamos dónde era mejor y más barato alojarse. La mejor opción eran guest houses

El Instituto queda a la vuelta del Palacio Imperial de Tokio. El primer mes de la pasantía en Japón estuve en Nakano. Estaba más alejado del centro y me tenía que tomar un tren para llegar al trabajo. Después me mudé a 10 cuadras del Instituto. Estaba en el barrio Kanda y hacía todo caminando. 

Las dos casas eran de la misma compañía, Modern Living Tokyo. El único problema era que tenía que pagar todo en efectivo y en yenes, la moneda japonesa, así que cada mes tenía que acercarme a las oficinas para pagar mi alquiler. Descubrí que en Japón es muy raro que usen tarjeta. Incluso en los locales que vendían productos grandes, como electrodomésticos, todo era en efectivo.

Los alquileres eran significativos, representaban más o menos un 60% de mi sueldo. Al estar en el barrio más alejado eran un poco más económicos. No pude ahorrar esa diferencia porque el tren, y el transporte en general, es muy caro. Eso ayudó a tomar la decisión de irme para el centro porque aunque el alojamiento era más costoso, igual estaba gastando ese monto en pasajes.

¿Cómo era tu día a día?

Me levantaba relativamente temprano. Al compartir una casa, quería aprovechar cuando no había otros despiertos para bañarme primero. Cuando salía para el trabajo, pasaba por un 7-Eleven a comprarme algo para comer. De ahí partía para la oficina y trabajaba hasta más o menos las cinco o seis de la tarde.

La panadería japonesa debe ser de lo que más extraño, todo era riquísimo. Todo lo dulce me encantaba. Había un sándwich exquisito relleno de pasta de aduki. Me volví con un paquete de esa pasta para comer, fue de mis cosas favoritas. 

Al terminar el día, a veces íbamos a comer con mis compañeros. Mi grupo de amigos durante la pasantía en Japón era muy diverso, en edad y origen. Había un francés, un alemán, un escocés y otro argentino. Yo tenía 25 años y había algunos más grandes y otros más chicos que yo.

Cuando salíamos del trabajo, comprabamos algo en Yamata, una de las estaciones de tren cercanas al palacio. En los mercados tenían cosas para comer rápido: panchos de huevo y mayonesa o de choclo. Si queríamos comprar una ensalada era carísimo porque la verdura en Japón es muy costosa. Lo que sí no era rico para nada era el queso. Todo lo que tenía queso se volvía insulso.

Cerca de casa tenía un templo y un lugar con comercios y productos más tradicionales y regionales. También había un local de tecnología muy grande. Salía mucho a pasear. Japón es súper seguro y me gustaba salir a caminar de noche. La gente alrededor del palacio deja sus cosas apoyadas y se va a correr. Eso es algo impensado en otros lugares.

Pude vivir parte de la primavera y disfrutar del calor en la ciudad, pero la mayoría del tiempo que estuve fue otoño-invierno. Hacía mucho frío y no podía salir de noche sin estar súper abrigado. El invierno en Tokio es muy fuerte. Me tuve que comprar un acolchado bien grueso porque me moría de frío. Cuando fui tuve la suerte de que hubiera nieve por tres o cuatro días, que no es tan común. Lo que sí, no tenía nada de ropa. Los japoneses tienen mucha indumentaria térmica para esta época. 

Me compré unas botas de nieve justo para irme a Niko. Es una zona hermosa con un montón de cataratas. Como era invierno, había muchas que estaban semicongeladas y era impresionante.

En Japón no tienen tantos feriados, pero los fines de semana largos que había los usaba para viajar y recorrer Tokio. También paseaba por Nakano, que tiene uno de los shoppings de anime más grandes. Aunque no comprara nada era divertido ir y chusmear. 

¿Cómo fue el encuentro con otra cultura?

Antes de viajar, me habían dicho que los japoneses eran muy estructurados. Una vez que llegué y comencé mi pasantía en Japón, descubrí que eran aún más estructurados de lo que yo pensaba o de lo que me habían dicho.

No me disgustó, al contrario. Todo estaba muy organizado. Quizás, si hubiera estado allá durante más tiempo me hubiera aburrido. Pero por esos meses todo era muy lindo, me gusta estar en ambientes así de organizados y la verdad lo disfruté un montón.

Todo en Japón tiene su estructura, hasta dónde caminas: solo se puede caminar por la derecha. Si lo haces mal te pueden mirar mal, pero en general a los turistas nos perdonan. Son muy educados, a lo sumo te explican cómo deberías estar haciendo pero nadie te va a maltratar. 

No descubrí nada negativo para decir “tienen esto o lo otro de malo”. Sí me sorprendió que se emborrachan mucho, y también trabajan mucho. Ves gente durmiendo de traje en un restaurante que después se vuelve a trabajar. Terminan detonados, por la borrachera o por el cansancio.

¿Qué te aconsejarías si tuvieras que repetir la experiencia?

Si tuviera que darme un consejo para volver a hacer la experiencia de la pasantía en Japón me diría que disfrute un poco más, que no tenga miedo de viajar. Podría haber salido de Japón para conocer Corea o China, pero no lo hice ni tomé aviones dentro de Japón. Me da un poco de gracia pensar que no me animé a eso pero sí a pararme solo en una cascada en el medio del hielo. 

También me diría que trabaje un poco menos. Hubo muchas veces que me quedaba en la oficina para cumplir el horario pero no tenía necesidad de hacerlo ni tenía cosas para hacer. Me diría que me relaje.

Aquella fue mi primera vez fuera de Argentina. Hoy me dan ganas de trabajar mientras viajo. Mi trabajo es remoto, no sé si me veo viviendo en otros lados pero sí moviéndome, viajando y conociendo otras partes del mundo. Pienso en irme a Inglaterra, donde está una de mis mejores amigas, o para Alemania, que es un polo tecnológico muy fuerte.

Autor

Barbie Castoldi

De Bahía Blanca, Argentina. Buscadora serial de similitudes y diferencias entre cultural. Interesada por descubrir destinos y degustar sus mejores postres veganos.

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