Viajó como estudiante de intercambio a Dinamarca con solo 16 años: su experiencia

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¡Te presentamos a Fátima! Con solo 16 años, ella tomó la decisión de emigrar como estudiante de intercambio a Dinamarca.

Conoce su historia en esta entrevista para Vivir Afuera.

¿Cómo fue el proceso para ir de intercambio a Dinamarca?

En 2016, había visto que algunos chicos de mi colegio o personas que seguía en Instagram estaban de intercambio. Ya el hecho de que estuvieran en otro país me llamó mucho la atención. Siempre fui una persona que le gustan las cosas nuevas, los cambios. Siento que me aburro bastante rápido de lo que es normal y cotidiano, todo el tiempo quiero algo nuevo.

Cuando vi la idea del intercambio, empecé a averiguar de qué trataba y cómo era. Le pregunté a las personas que había visto cómo era la situación con la familia y me pasaron la empresa con la que ellos habían realizado el intercambio. Había varias opciones: de intercambio cultural-escolar, para el que es requisito estar estudiando en el colegio secundario, voluntariados, cursos intensivos de idioma y más.

Hablé con mis papás y les pareció muy buena la idea pero al mismo tiempo me mandaron a mí a investigar y averiguar qué había que hacer. Así que empecé a investigar cada vez más, a completar formularios de contacto y coordinar la primera entrevista.

Tuve una reunión con un representante de la empresa en mi ciudad, General Roca, en la que me preguntó por qué quería hacer un intercambio, a dónde me interesaba viajar y otras cosas similares. También me contó mejor cómo funcionaba el programa.  A partir de esa reunión ya comencé a preparar documentos y completar papeles con mis datos. 

Las primeras planillas eran con información sencilla. Una de las cosas que había que marcar era alrededor de 7 países a los que te gustaría ir y ponerlos en orden de preferencia. En ese momento, mi primer país era Noruega. Yo quería irme de intercambio a un país que no fuera tan conocido como Italia o Francia. Quería probar algo nuevo, incluyendo el idioma. Uno en el cotidiano no escucha a personas hablando en noruego.

El problema es que cada país tiene un cupo para las personas que quieren migrar como estudiantes de intercambio. Ese cupo cambia dependiendo del país de origen. En ese momento, el cupo de argentinos máximo anualmente eran solo 2 personas. Cuando mencioné que Noruega era mi primera opción, me avisaron que los cupos para ese año ya estaban cubiertos. 

Entonces, miré el mapa y busqué otros países que estuvieran cerca. Pensé en Finlandia pero algo no me cerraba. Me decidí y me postulé como estudiante de intercambio a Dinamarca. Pasó un mes aproximadamente desde que mandé la solicitud hasta que me llegó un mail confirmando que mi país había sido asignado y ya podía irme de intercambio a Dinamarca.

Tuve que crearme un perfil online en la página de la empresa en el que tenía que subir todos mis datos, papeles y documentos médicos. Como era un intercambio estudiantil, el Ministerio de Educación tiene que sellar un certificado para validar tus estudios hasta el momento en Argentina a nivel internacional. Además, hay una parte pública que es la que miran las familias que buscan recibir y hospedar a estudiantes de intercambio. Allí tenía que cargar una carta escrita por mi y otra escrita por alguien que me conozca, que podía ser familia, amigos, maestros, etc.

Todo el proceso fue muy sencillo y estuve muy bien acompañada y aconsejada. Lo que más tiempo me llevó fue escribir la carta porque querés dar una buena impresión a la familia que va a estar con vos.

El siguiente paso era esperar a que me asignaran una familia. En febrero me contactaron por el pago y todo se puso más serio. Ahí fue cuando mis padres cayeron en que todo iba a pasar de verdad, en que su hija se iba a ir a vivir un año de intercambio a Dinamarca, sola. 

En mayo me asignaron la familia. Tuve bastante suerte porque, en general, se asignan alrededor de junio cuando vas a viajar en el mes de julio. Yo estaba encantadísima, muy emocionada y ya podía empezar a vincularme con ellos directamente.

¿Cómo fue tu vida al realizar un intercambio a Dinamarca?

Desde el primer día me sentí como en casa. Antes de ir tenía un poco de miedo de sentirme incómoda, pero la verdad fue muy fácil. La familia con la que yo vivía estaba formada por una madre, un padre, el hijo mayor (que hoy en día tiene 25), el segundo que tiene mi edad, la hija mayor que ahora va a cumplir 19 y el más chiquito que hace unos días cumplió 13.

Viajó como estudiante de intercambio a Dinamarca
Con solo 16 años, Fátima viajó como estudiante de intercambio a Dinamarca para vivir una de las experiencias más emotivas de su vida.

Me ayudaron muchísimo para conocer la ciudad, Silkeborg. Cuando eran chicos, tanto la mamá como el papá habían hecho intercambios, así que tenían la experiencia aunque habían pasado muchos años.

En mi día a día lo primero que hacía era levantarme a las 6:30am. Todos se despertaban a esa hora para ir al trabajo o al colegio. Éramos 7 personas y el desayuno era el único momento del día en el que estábamos todos en la casa, dando vueltas en la cocina, cada uno preparando su desayuno y haciendo todo a su tiempo. Yo hacía el almuerzo que me llevaba al colegio. El día escolar era de las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde. El secundario es muy independiente, podés entrar y salir como quieras. Se parece más a la universidad en ese sentido. 

Iba en bici al colegio y me quedaba más o menos a 5 kilómetros. Yo estaba bastante cerca, las distancias son grandes y había muchas personas que vivían a 13 kilómetros, por ejemplo. 

En el colegio me costó más integrarme porque ya había muchos subgrupos en el curso en el que estaba, así que solicité un cambio y me movieron a otra clase en la que había 20 chicos. No me arrepiento para nada y la pasé muy bien.

Mis grandes amigos de intercambio fueron estudiantes de otros países. Una chica de República Dominicana y un chico de España eran mi grupo más cercano, pero también había un chico de Japón, de Portugal y de más lugares. Después del colegio salíamos al centro e íbamos a caminar y pasear con mis amigos. 

También era difícil hacer amigos de mi edad porque muchos de los daneses a los 17 ya tienen un empleo después del colegio porque es legal trabajar a esa edad. Al igual que con la modalidad del colegio, se nota mucho la independencia que tienen los adolescentes.

Lo que sí, aunque no tengo muchísimos amigos daneses del intercambio, conocí a mi novio. Estamos juntos desde ese viaje. Él habla español fluido y había hecho un intercambio en Argentina antes. Ahora estamos los dos viviendo en Argentina, estudiando en Bahía Blanca, aunque actualmente volvimos a Dinamarca para visitar a su familia.

Con el tema de los costos, Dinamarca es bastante caro. A mi no se me hizo caro porque vivía en una casa de familia. Como persona que vive y trabaja en Dinamarca no es tan caro y los sueldos se equiparan a los costos. Lo que sí es más costoso es el alquiler. 

Es muy normal que el primer año después de terminar el secundario sea “sabático” pero más en el sentido de trabajar y ahorrar mucho dinero para después viajar o irse a estudiar y vivir solo.

¿Qué cosas te llamaron la atención del país?

En principio, que Dinamarca es un país muy seguro. En todo el año que estuve solo me robaron la bici, que es lo único que te roban. En sí los robos no son tan violentos. También me sorprendió lo saludable que comen, incluso el pan -que noté que consumían mucho- utilizan de centeno. O que intentan que todo sea más ecológico y sustentable.

Es un país muy lindo, ¡cuando estás viajando por la ruta parece que estás viajando por el fondo de pantalla de Windows! Mi lugar favorito es Aarhus. Es una de las ciudades más grandes de Dinamarca pero tiene muchísimos espacios verdes y tiene muchas comodidades de ciudad sin ser inmensa.

Se dice que los daneses son personas frías, hay un poco de razón en eso. Se suele decir que son como una botella de ketchup, que apretás y cuesta que salga pero cuando lográs que salga ese cariño y confianza sale mucho y con fuerza. 

En ese momento quizás no me di cuenta, pero ahora que ya estoy más incorporada a la cultura noto que es un país bastante racista. No necesariamente con las personas latinas, pero sí con otras religiones como la musulmana o de países árabes. 

¿Cómo mirás hoy esa experiencia?

Extraño mucho mi vida como estudiante de intercambio. Vengo a visitar pero no es lo mismo que el día a día de un intercambio a Dinamarca. 

Cuando estás de intercambio aprendés que no hay un país mejor o peor, son distintos. Las costumbres, la cultura, las formas de relacionarse, todo es nuevo y distinto. Hay momentos que extrañaba cosas de mi día a día en Argentina, como a mi mamá llevándome el café con leche a la cama o ir con mi papá al supermercado los sábados. Son cosas de todos los días, pero que cuando uno está lejos o cuando ya no las tiene más, se da cuenta de cuánto las valora. Y cuando volví, pasó lo mismo con cosas muy específicas que extraño del intercambio a Dinamarca. 

Como consejo para hacer un intercambio a Dinamarca diría no ser tan perfeccionista, sobre todo en el idioma. Acá se habla danés, pero también todas las personas hablan inglés. La forma de aprender es hablar y animarse. Yo aprendí un montón de danés re rápido y escribía muy bien en el idioma pero para hablar no me animaba por miedo a decir mal las cosas.

También creo que es muy importante no tener grandes expectativas cuando vas, porque no todo va a salir como esperas. Lo nuevo va a venir y vos vas a ir descubriendo cómo adaptarte.

Autor

Barbie Castoldi

De Bahía Blanca, Argentina. Buscadora serial de similitudes y diferencias entre cultural. Interesada por descubrir destinos y degustar sus mejores postres veganos.

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